Los cuentos que te vienen bien

En este espacio voy a escribir cuentos que me manda un buen amigo "Cuenta Cuentos"; su nombre es Julio y algunos de ellos; me parecen muy oportunos para reflexionar sobre diferentes temas:

¿Quién soy?


Nuestro cuento habla sobre un árbol que vivía en un hermoso jardín y se sentía muy desgraciado…
Había una vez, un hermoso jardín lleno de hermosos árboles…Tenía manzanos, naranjos, perales… y bellísimas flores de muchos colores…con hermosos rosales…todos ellos eran felices y satisfechos…
Todo era alegría en el jardín, todos menos un árbol. Él estaba muy muy triste… porque tenía un problema: NO SABIA QUIEN ERA…
El manzano le decía: “Lo que te falta es concentración, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas, es muy fácil”…
El rosal le decía: “No le escuches…Es más sencillo tener rosas, y son más bonitas”…
El árbol escuchaba todo lo que sus amigos le decían… Desesperado intentaba todo lo que le sugerían una y otra vez, sin resultados… No lograba ser como los demás y cada vez se sentía más y más frustrado…
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves…
Le dijo al árbol: “No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra…No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas…(a veces vivir se hace más fácil si cerramos los ojos)…”
Continuo diciendo el búho: “Sé tú mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior…”…(QUIERO VIVIR)…
¿Mi voz interior? ¿Ser yo mismo? ¿Conocerme?… Se preguntaba el árbol desesperado…
Entonces, de pronto comprendió…Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón…
Por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: “Tu jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal…Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje”…
TIENES UNA MISIÓN, CÚMPLELA… El árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado…

Esencia
Me preguntaís por qué enloquecí. Fue así. Un día, mucho antes de que nacieran algunos dioses, desperté de un profundo letargo y descubrí que me habían robado todas mis máscaras. -Sí, las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscaras por las calles atestadas de gente, gritando: "¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!".
Hombres y mujeres se reían de mí. Y al verme, algunas personas, llenas de horror, corrieron a refugiarse en sus casas.
Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó: "¡Miren! ¡Es un loco!". Alcé la cabeza para mirarlo y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro y mi alma se encendió de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y, como si fuera presa de un trance, grité: "¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!"
Fue así que enloquecí.
Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden nos esclavizan.
Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Khalil Gibran "El loco"

Responsabilidad
Si deseas que tus sueños se hagan realidad, ¡despierta! - Ambrose Bierce

Causalidad
Nadie se cruza en tu camino por casualidad y tu no entras en la vida de nadie sin ninguna razón.

Emociones
Cuentan que una vez se reunieron todos los sentimientos y cualidades de los hombres en un lugar de la tierra cuando el Aburrimiento …(bostezo)…….. reclamo por tercera vez. La Locura, como siempre loca, les propuso:
¿Vamos a jugar a las escondidas?
La Intriga levanto la ceja intrigada y la Curiosidad, sin poder contenerse pregunto: escondidas ¿qué es eso?
Es un juego, explico la Locura, en el que cierro los ojos y comienzo a contar de uno a un millón mientras ustedes se esconden cuando yo termine de contar; el primero de ustedes que encuentre ocupara mi lugar para continuar el juego.
El Entusiasmo danzó seguido de la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que termino de convencer a la Duda y también a la Apatía, que nunca se interesaba en nada.
Pero no todos quisieron participar, la Verdad prefirió no esconderse, ¿para que? si al final todos la encontraban. La Soberbia opino que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le incomodaba era que la idea no había sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse.
- uno, dos, tres, cuatro – comenzó a contar la Locura.
La primera en esconderse fue la Prisa, que como siempre cayó detrás de la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió detrás de la sombra del Triunfo, que por propio esfuerzo había conseguido subir a la copa más alta del árbol más alto.
La Generosidad casi no consigue esconderse, porque cada lugar que encontraba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: si era un lago cristalino, ideal para la Belleza, si era la copa del árbol perfecto para la Timidez, si era el vuelo de una paloma. Lo mejor para la Voluntad, si era una ráfaga de viento, magnifico para la Libertad. Así terminó escondiéndose en un rayo del sol.
El Egoísmo, al contrario encontró un lugar bueno desde el principio, ventilado, cómodo, pero solo para él. La Mentira se escondió en el fondo del océano (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris). Y la Pasión y el Deseo, en el centro de los volcanes. El Olvido, no recordamos donde se escondió, pero eso no es lo más importante.
Cuando la Locura estaba en el número 999.999 el AMOR todavía no había encontrado lugar para esconderse, pues todos estaban ya ocupados, hasta que encontró un rosal y cariñosamente decidió esconderse entre sus flores.
-Un millón. Contó la Locura y comenzó la búsqueda. La primera en aparecer fue la Prisa, apenas a tres pasos de una piedra. Después escuchó a la Fe discutir con Dios, sobre la zoología, en el cielo. Sintió vibrar a la Pasión y al Deseo en los volcanes. En un descuido, encontró a la Envidia y claro pudo deducir donde estaba el Triunfo.
Al Egoísmo no tuvo que buscarlo, el solo salió disparado de su escondite que en verdad era un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al aproximarse a un lago, descubrió a la Belleza. La Duda fue la más fácil de encontrar pues estaba sentada sobre un cedro sin decidir dónde esconderse.
Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una cueva oscura, a la Mentira detrás del arco iris (mentira estaba fondo del océano) y hasta al Olvido a quien se le había olvidado que estaban jugando a las escondidas.
Pero. . . . el AMOR no aparecía en ningún lugar. La Locura lo busco detrás de cada árbol, debajo de cada roca del planeta y encima de las montañas. Cuando estaba a punto de darse por vencida; encontró un rosal. Tomo una horquilla y comenzó a mover sus ramas, cuando en el último momento escuchó un grito doloroso. Las espinas habían herido al AMOR en los ojos. La Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, rezó, imploró pidió perdón y hasta prometió ser su guía.
Desde entonces, ….desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la tierra:
¡El AMOR es ciego y la Locura siempre lo acompaña!
"Aplícate el Cuento"

Amor y Amistad
El amor le pregunto a la amistad: ¿para qué existes si ya estoy yo? Y la amistad le dijo para dejar una sonrisa donde tu dejaste una lagrima.           


El helecho y el bambú

Renuncié a todo y me di por vencido. Decidí que iba a dejar a un lado a mi trabajo, a mi mujer, mi religión e incluso a mi propia vida. Cogí mi coche familiar y fui al campo para tener una última visión del mundo natural y alejarme de la jungla de asfalto, polución y asfixiante actividad.

Una vez hube entrado en la naturaleza detuve mi coche en mitad de la nada y me interné en el bosque. Cuando ya me había alejado de la carretera lo suficiente, grité con todas mis fuerzas:

-¡Dame una buena razón para no darme por vencido!

Como si le estuviera gritando a Dios, al Karma o al poder del universo que rige nuestros destinos al oído. Mientras recuperaba el aliento arrodillado en el suelo no pude darme cuenta de que una persona se acercaba hacia mí.

Cuando finalmente pude verlo vi que era un sencillo granjero, tenía la cara arrugada, muestra de haber reído mucho durante su vida y una mirada de sabiduría, de la sabiduría que nos da la experiencia.

-Joven, ven conmigo, debes ver algo.

Casi como hipnotizado, olvidé la vergüenza inicial que había sentido al ver invadida mi más profunda intimidad y le seguí sin pronunciar palabra alguna.

-¿Puedes ver esos helechos? Me dijo.

-Sí, le respondí.

-Cuando sembré los helechos también sembré unas semillas de bambú. Les traté con mucho cariño les di agua y me aseguré de que les daba la luz. Los helechos crecieron muy rápido, verdes y fuertes. Un año más tarde los helechos crecían estaban frondosos y desprendiendo un magnífico olor. El bambú, sin embargo, no había crecido nada. Pero no renuncié a él y seguí dándole agua, luz y cariño.

-En tres años, todo ese campo que ves allí se había cubierto con los helechos. Mientras que del bambú no había rastro alguno. Y pasaron otros cuatro años, en los cuales no desistí y continué luchando por el bambú. Entonces un día, siete años después de haberlo plantado, cuando iba a regarlo, observe que había salido un pequeño, pero apreciable brote de bambú.

-Comparado con los helechos era muy pequeño y casi insignificante. Pero tan solo seis meses después el bambú había crecido hasta 30 metros de altura. Tardó 7 años en echar las raíces fuertes y profundas en la tierra que le permitirían llegar muy alto. Aquellas raíces lo hicieron más fuerte y le dieron lo que necesitaba para crecer.

-Dios no te da ningún reto que no seas capaz de lograr. Cada momento que has estado luchando, realmente has estado echando raíces. Yo no renuncié al bambú y luche por él, así como Dios, o el universo como lo llamais ahora los jóvenes, no ha renunciado a ti. No te compares con otros, así como no se compara el bambú con el helecho. Ambos eran importantes aunque tenían un propósito distinto, pero juntos hacen que el bosque sea más hermoso.

Estas palabras me conmovieron y me hicieron recapacitar, el sabio, vestido de granjero prosiguió:

-Tu tiempo vendrá, y crecerás muy alto. Y crecerás lo mismo que el bambú y que el helecho, dijo.

-¿Pero si sus tamaños son distintos? Pregunté un tanto ingenuamente.

-Aunque con alturas distintas, ambos crecieron lo más alto que pudieron, así debes hacer tú. Lucha y no desistas, los malos momentos te dan experiencia, los buenos te dan felicidad, ambos son esenciales. Aunque te sientas flaquear lucha y echa raíces que te permitan crecer fuerte, pues tu momento, tarde o temprano llegará.



Y con esas palabras se despidió de mí con una sonrisa de satisfacción en los labios al ver como sus sabias palabras habían aliviado mi pesado corazón.


SU MAYOR FORTALEZA
Marcos, un niño de 10 años, decidió estudiar judo a pesar de haber perdido su brazo izquierdo en un terrible accidente.
Comenzó a tomar clases con un anciano maestro japonés. 
Marcos se esforzaba tanto como podía y no podía entender por qué después de tres meses, el maestro sólo le había enseñado un movimiento de esta disciplina.
-Maestro –dijo el niño- ¿No debiera estar aprendiendo más movimientos?
-Este es el único movimiento que sabes, pero es el único que necesitaras saber.
Sin comprenderlo bien, pero creyendo en su maestro, Marcos siguió entrenando y confiando en su buen criterio, repitiendo una y otra vez, con constancia el movimiento.
Meses más tarde, el maestro llevó a Marcos a su primer campeonato. Para su sorpresa, ganó fácilmente sus dos primeros encuentros. El tercero resultó ser más difícil, su contrincante se impacientó y atacó; el niño usó hábilmente su único movimiento para ganar el encuentro.
Marcos ya estaba en las finales.
Esta vez, su contrincante era mayor, más fuerte y con más experiencia. 
Al principio parecía que el niño estuviera a punto de perder.
Preocupado de que Marcos fuese lesionado, el árbitro pidió un receso. 
Iba a detener el encuentro cuando el maestro dijo:
-Déjelo continuar, él puede.
Poco después de recomenzar el encuentro, su contrincante cometió un error crítico y bajó la guardia. Instantáneamente, Marcos empleó su movimiento para inmovilizarlo.
El niño había ganado el encuentro y el campeonato.
De regreso a casa, el niño y el maestro repasaban cada movimiento. Entonces el niño se llenó de valor y preguntó:
-¿Maestro, cómo es que gané el campeonato con un solo movimiento?
-Ganaste por dos razones, primero casi dominas a la perfección uno de los movimientos más difíciles del judo. Segundo, la única defensa conocida para este movimiento es que tu contrincante te agarre por el brazo izquierdo.
La mayor flaqueza del niño… se había convertido en su mayor fortaleza.
(Tomado de "Aplícate el cuento"
de Jaume Soler y M. Mercé Conangla)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si tienes alguna duda sobre la Terapia Gestalt o sobre este tema en particular, déjame tu comentario y te responderé en esta misma entrada.